La Conciencia Crística da origen a la Flor de la Vida, la madre de todas las formas visibles e invisibles a los ojos humanos. Vivimos en red, en una red energética-universal que concentra, une y agrupa toda la creación divina.
El Cristo proviene del UNO (la Fuente-Dios), el punto que, al vibrar, generó el ritmo perfecto y armónico. A partir de sus ondas energéticas, se formó el círculo primordial (Padre), que se desarrolló, creció, formó más ondas y creó otro círculo (Madre).